Danzando las emociones… reflexión sobre un proyecto

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Esta semana finalizamos el taller de “Danza Creativa baila las emociones” fueran dos meses bailando y construyendo con los niños y sus familias puentes que nos permitieron entender y compartir lo que es el amor, la alegría, el miedo, el enfado, la compasión, la rabia y como cada emoción puede ser expresa de diversas maneras…

Para mi, como psicóloga, danza terapeuta y madre fue un camino donde los niños me enseñaran muchísimo, y me gustaría compartir con vosotros algunos de los temas que más me llamaran la atención en los talleres, les recuerdo que esto no fue una investigación y no tiene valor científico, apenas son temas que se repitieron en distintos grupos y me gustaría lanzarles una luz:

  • La construcción de la expresión de los sentimientos ya está marcada por género desde muy pequeños…

Hemos trabajado con niñas y niños de 2 años y medio a 7 años y ya se veía como a partir de los 3 años (edad en que la mayoría ya se encuentra escolarizada) las niñas tenían preferencia por los movimientos más suaves, mas contenidos, y en la hora de expresar la rabia tardaban en chillar,  dar patadas… o mismo en el dibujo primero hicieran el borde del dibujo para después rellenarlo.

Ya los niños dibujaban sin borde, con rallones expresando sin barreras la energía que les traía la rabia, también en los movimientos las patadas y los chillidos salían sin pedir, bastaba señalar que se podía y la explosión ya se daba… por otro lado algunos de los niños tenía mucha dificultad en contener esta energía después, bajar el ritmo, conectar con el grupo…

Esta diferencia me hizo pensar en cómo desde muy pequeños nuestros hijos e hijas ya están marcados por la división de género, si la sociedad me dice que hay juegos de niños y otros de niñas, comportamientos adecuados para niños y otros para niñas, entonces también les marcará como expresar sus emociones, un niño tiene “derecho” a ser mas bruto, lo que al final significa expresar la rabia de manera más libre, en cuanto las niñas aprenden a hacerlo de manera más contenida, ahí en el dibujo primero construyen los márgenes que contiene … para después dibujar a dentro la rabia.

 

  • La rabia, la tristeza y el enfado se mesclan y muchas veces no sabían bien en qué momento estaban.

En los encuentros acabamos por diferenciar el enfado hacia dentro- que es el enfado lleno de tristeza; con el enfado hacia fuera – que es el enfado lleno de rabia. Para los críos la rabia o la tristeza se llamaban enfado y fue muy interesante encontrar los caminos para salir de este enfado, pues en algunos niños, el salir de la tristeza es aceptar la rabia, expresarla , sacarla y así poder seguir…

Esta vivencia me llevó a pensar como una emoción puede al final esconder otra… en el caso de la tristeza, enmascarar una energía,  que si no encuentra espacio para salir, se vuelve hacia dentro… Y como en nuestra sociedad tenemos pocos espacios para aceptar y acompañar estas expresiones hacia fuera.

  • La alegría fue lo más fácil de conectar y bailar

La alegría se expresó fácilmente, en grupo como una explosión sin fronteras, todos cantamos y bailamos, recordando otros momentos que también nos habíamos sentido alegres… felices… fue la emoción más fácil de expresar y también la más igualitaria (género y edad).

Esto me hizo percibir como los niños con quién trabajé están sanos, como el grupo estaba unido, y cómo madre me hizo sentirme feliz, por en medio a tantas emociones saber que sí, nuestros peques viven la felicidad y expresan la alegría con facilidad.

Para finalizar esta reflexión me gustaría dirigirme al proceso de las familias, que se han comprometido con lo que podían en cada momento, pero que me gustaría agradecerles y remarcar la importancia de hablar, dibujar o jugar con las emociones en el cotidiano.

Para nuestros hijos e hijas el jugar es una tarea extremamente importante, el experimentar con lo que tienen a mano es algo extraordinario, y si nosotros nos damos el permiso para acompañarles en estos viajes podremos entonces hacer parte de una educación que viene desde adentro, que comparte, que construye y no que se impone como algo vertical.

Tenemos que hacer un esfuerzo para entender que nuestros peques necesitan espacios de libertad, donde puedan ellos escoger lo que quieren hacer, de que quieren jugar… o si sencillamente quieren estar tranquilos… el exceso de  actividades súper dirigidas, que tienen su tiempo cuadrado, medido y contado les impide desarrollar su propia noción de tiempo, de espacio, de identidad, pues están todo el tiempo intentando rellenar un hueco que les hemos dejado.

En las clases de danza creativa cada uno puede ser lo que es. No hay equivocación, no hay movimiento malo, pero si hay diversidad, para cada día poder ser un niño o niña distinta… Esto permite que poco a poco se vean y sientan cuáles son sus preferencias y también posan compartir las preferencias de movimiento de otros niños o del grupo. Así intentamos construir juntos nuestros espacios de baile, movimiento y juego.

4 comentarios en “Danzando las emociones… reflexión sobre un proyecto

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